Loco mundo.

Loco de remate. El mercado laboral es la ironía mas sarcástica de esta puta vida. Pasamos años, mejor dicho, décadas, preparándonos para  ese momento, la prueba final, lo que va a determinar tu destino en la vida.

Pues lamento deciros, que es todo una broma. Actualmente, comparto oficina con unas veinte personas, entre administración y oficina técnica (a la que yo pertenezco). Se supone que yo soy el informático y me ha costado horrores crear este blog. Bueno, eso no es correcto del todo, le ha costado a mi jefe, al fin y al cabo, uso su ordenador, su conexión a internet y el tiempo que me paga para hacerlo. Ninguno de mis compañeros sería capaz de crear algo así, y es que amigos míos, lamento deciros que la mayoría de esta gente con escasa preparación gana mas dinero que vosotros. Es triste decirlo, pero eso no lo hace menos verdad. De hecho, yo calculo que con personal competente, serían necesarios solo seis personas para realizar todas las tareas de esta oficina, incluyendo las nóminas de 400 empleados. Os preguntareis como se ha llegado a sobredimensionar tanto una plantilla, y si es que eso no afecta a la producción. Bueno, hay un punto, en que una empresa crece mucho mucho, y hace muchos muchos contactos, en el que la rentabilidad se crea a voluntad, no depende de cuan bueno seas en tu sector, sino cuanto están dispuestos a pagar por tu producto. Todos conocemos ejemplos, no hace falta irse a ACS, o al archiconocido Instituto Nóos. Lo vemos en cada recogida de basuras, en metro, en bus ciudad, en las oficinas de servicios sociales... De hecho, estoy seguro que no hay una sola gestión que no acabe alimentando a estos troles del mercado laboral. Hay que pagar la bula, si no quieres volverte loco debes aceptar que es el mal menor que debemos tolerar en aras de un correcto funcionamiento del sistema. Desde luego, no es perfecto. Es mas que eso, es terriblemente deficeinte, pero ¿cuantos millones de parados más tendríamos de ordenar una purga de incompetentes? El mundo está tan enquistado de esta gente, que difícilmente se mantendría en pie sin ellos. Pensad, que hasta el libro de Belén Esteban es capaz de calzar una librería. 

Y es que en mi empresa esto viene de lejos. la media de antigüedad en esta oficina ronda los 25 años. Esto puede llevar a error, no es que esta gente se haya quedado obsoleta con el tiempo, es que siempre lo ha estado.

Exempli gratia: cuando yo llegué a esta oficina, recién ascendido desde la plantilla, pensaba que acababa de ser admitido en un selecto club, una élite con la que podría compartir charlas sobre vinos franceses y restaurantes de etiqueta. Mi jefe, un hombre de unos 300 años, me pidió un trabajo técnico. Había escaneado unos cientos de páginas de mala manera, a través de word, dejando unos márgenes enormes, y lo único que quería era quitarlos. Me dí cuenta en seguida del trabajo de chinos que tenía que hacer, pero bueno, el que paga manda. Como os decía al principio, yo no soy informático. Ni técnico, en realidad, no soy mas que un poquito mas actualizado que mis compañeros. Seguro que hay una manera mas rápida y mejor de quitar los márgenes, pero yo lo hice a las bravas, página a página. Tres horas modificando márgenes después, me quedé solo en la oficina, todos se habían ido. Copié mi trabajo, orgulloso de mi ingenio, y dejé un usb con el archivo corregido en la mesa de mi jefe, con un post it que decía: "Aquí tiene el archivo corregido, gracias". Me fui a casa con la satisfacción del que ha hecho un buen trabajo.

A la mañana siguiente llegué al trabajo, y al entrar un compañero ya me avisa: 

- Pasa a ver al jefe, ¡que esta contento contigo!

¿Qué podía ser?, ¿no había copiado el archivo?, ¿estaba en un formato no admitido por su word?

Me dirijo al despacho de mi jefe, con mas curiosidad que culpa. Al verme, puso la cara del que espera la llegada del que se esta follando a su mujer.

- Hombre, ¿el trabajo que te pedí ayer cuando piensas acabarlo?

- Pero si lo dejé en tu mesa ayer, en un usb...

- ¿Y como quieres que pase el archivo del usb al ordenador?

Hubo un silencio incomodo. No me lo creía... un jefazo de esta empresa... Estaba flipando.

Me disculpé, dije que no volvería a pasar, y salí pensativo del despacho. Nunca más obviaré la estupidez.

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¡Al agua patos!

Hoy he leído en el periódico que una chica de mi pueblo, que tiene 3 hijos con 3 tíos diferentes, acudió al hospital con una fuerte hemorragia. Esta señora (porque es una señora) dijo haber sufrido un aborto espontáneo y que el feto se había ido por el tobogán acuático del water, pero al detectar los médicos que el feto ya tenía el tamaño de una sandía gorda llamaron a la policía, que procedió a su detención e interrogación, para ver donde había escondido el huevo de pascua. Bueno, la dama en cuestión ostenta una insana obsesión por los lácteos y ordeñar varones con pollas como caballos. Pero no hay que ceñirse a estos datos, igual estamos juzgandola mal (que juiciosillos somos, hay que ver). Que tenga tres hijos ya de tres padres diferentes solo me dice una cosa: es una luchadora.  Busca el amor contra viento y marea, no hay destino demasiado cruel ni hostia demasiado fuerte. Intentad imaginar por un segundo, la pesadilla buracrática que conllevan tres padres diferentes. Tres pensiones, ir detras de cada uno para que pague, tener que apuntar los gastos de cada hijo para pasar luego los gastos y las dietas, tres reuniones de padres en el colegio con tres tipos diferentes... Esta señora tiene un corazón enorme. Casi tan grande como su vagina, por la que se escurrió su último hijo.  Seguro que necesita un gestor para llevar el papeleo. ¿Y los turnos de custodia? Hay que ser muy ordenada para no darle el hijo equivocado al padre equivocado (aunque al parecer todos lo eran), al final le das niños hasta al cartero.

Pero el tema del aborto... Ese si que no lo veo.

No se, no me gustaría pensar mal de esta mujer. Al fin y al cabo, el estado le ha dado la custodia de un hijo no una, sino tres veces. Los médicos afirmaron que la mujer se negaba a ser atendida, y fue su pareja quien la llevó al hospital y salvó su vida, aunque no la de su hijo. Todavía no sabemos si el padre esta implicado en el aborto, pero demostró tener por lo menos una neuroma más que ella, que parece que había olvidado que dejaba tres huérfanos en casa. 

 

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Por favor, no aplaudan todavía...

Es verdad, no merezco aplausos, ni más reconocimiento que el que me concede el saberme leído, al fin y al cabo, no dejo de ser el español número mil que se dedica a escribir un blog en horas del trabajo. Y es que en este país amigos míos, puedes pasar años sin trabajo, que a la primera oportunidad que te den te llevas los alicates a casa. Y no es por dinero, por los dos euros que te cuestan los alicates, es por joder a tu jefe, ese bastardo que gana dinero con tu sufrimiento, que ha conseguido doblegar tu voluntad  hasta convertirte en un lacayo, un esbirro, una marioneta que solo responde ante su amo.

Muchos podéis verme como un mártir del currito, que se deja la piel en el trabajo, pero nada mas lejos de la realidad...

Y siempre ha sido así, no voy a ir en plan "yo al principio me mataba a trabajar", o "en mis tiempos no habrías durado ni un día", o la que más me tocaba los cojones: "si estuvieses en África te comerían los leones". ¿Sabéis cuantas muertes causan los leones al año? Pues la triste suma de 70 personas al año. si, el rey de la selva, ese brutal depredador, apenas cosecha un tercio de las almas que se llevan nuestros amigos los perros. Es bastante más probable que un humano se coma al puto león que lo contrario. Y es que no lo puedo evitar, soy un humanista. Al fin y al cabo, sin proponernos extinguimos especies y arrasamos páramos para no tener que caminar 25 metros del coche a casa.

Bueno, a lo que iba. Me incorporé al mercado laboral a los 18 años, recién terminado el instituto y con la convicción que solo puede tener el que se dio cuenta en los años de instituto de su gran verdad: soy un vago.

 Demasiado vago para el instituto, para los profesores fui la eterna promesa, el chico con cara de listo, que no rendía porque se aburría en clase. Para mis compañeros, supongo que mas bien fui un cáncer, que los arrastraba a bares en horas de clase (eran los 90, aun podías permitirte ese lujo sin que apareciera la pasma buscándote). Para mis padres, esa gran decepción a la que no había manera de controlar. Nada se me daba demasiado bien en el instituto, las clases de ciencias me parecían treméndamente aburridas, mientras que las de letras me saturaban con ingentes cantidades de datos que intentaba retener aun importandome un pepino. Total, fracaso al canto, estudiar no era para mi, muy sacrificado... Llegó la hora de lo que había estado temiendo todos estos años, la única opción disponible para un chico simpático con cara de listo: Trabajar.

Y es que tenéis que entender que a finales de los 90 la cosa no estaba como ahora. Las fábricas eran prácticamente aspiradoras sedientas de mano de obra esclava. Los de mi generación vimos como niños de 14 años pasaban de estar en el colegio un día, a manejar una máquina de vulcanizado al siguiente. Las jornadas eran tan largas que al salir te encontrabas contigo mismo en la puerta. Fue la magia de la era Aznar, los polígonos parecían Bangradesh, con niños jugueteando con bidones de cola y disolventes. Me sentía como los pioneros de la era industrial en Londres, manos callosas y pulmones negros del alquitrán.

Pero no todo era un Erasmus en China, un nuevo arte afloraba con una fuerza de mercado imparable y un capital inexplicable, la construcción. Ahí si que se curtían hombres de verdad, un año en la obra equivale a cinco en la tierra, y dos almuerzos a la comida de una semana. Tampoco me veía en la obra, demasiado cansado.

Y es que todo esfuerzo resultaba demasiado grande para un joven cuerpo macerado en alcohol, que lo único que había hecho  durante doce horas seguidas era dormir. 

 

Pero había una persona que creía en mi. Una persona que no estaba dispuesto a verme pasar el día tirado en el sofá buscando respuestas en los vapores que emanan de la lejía. Un hombre conocido por perseverar contra toda esperanza. Mi padre, el tenía preparado un futuro para mi.

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Pues me presento, como la gente de bien...

Conociendo a la bestia

Nadie conoce mejor a la bestia que el que la lleva dentro. Ávida de placer, inamovible y abominable me obliga a seguir la senda de la destrucción.


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